Una puerta verde
Hoy me he mirado al espejo, pero este año no me he visto un poquito más alta. En cambio, he podido percibir esas canas que ya llevo algunos años aceptando, y además se me ha caído una lagrimilla. Últimamente no estoy en mi mejor momento, me agarro a mantras tales como “Todo pasa, todo llega” o “Baila, que te hace feliz”. Mi monólogo interior es constante y sin pausas, mayormente pesimista y con pocas luces. Hoy toca pensar y divagar en el concepto de cumplir años. A este devenir de sumar uno más, le añado posibles achaques diagnosticados por Google, dados por el paso del tiempo. También miro el futuro, sin objetivos propios totalmente definidos, viviendo cada día con rutinas que me mantienen estable mentalmente y no me provocan desasosiego, y doy gracias, que todavía me resisto a tomar pastillas para poder dormir, pero aún así tengo un par de orfidales por si una velada fuera insostenible. Ayer les decía a mis amigas: “Nos hemos convertido en esos adultos a los que detestábamos cuan...